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Seres que escapan de los fantasmas y de una ciudad que los devora

por Leni Gonzalez / LA NACION

Con la noticia de las siete nominaciones para los Premios Hugo, desde este domingo vuelve a El Galpón de Guevara el musical Lo quiero ya, la obra que provoca una inmediata identificación del público porque refleja la ansiedad por el logro de objetivos con la que se vive en una gran ciudad como Buenos Aires.

«Cuando a mediados de 2016 nos sentamos a pensar qué queríamos contar, a todos nos surgió la misma cuestión: la desmesura del día a día, correr de un lado a otro, llegar tarde, nunca dar abasto en busca del supuesto éxito», dice el rosarino aporteñado desde hace una década Marcelo Caballero, el director general de la puesta y autor junto con Martín Goldber y un equipo creativo integrado por Nahuel Quimey Villarreal, Lucien Gilabert y Rosario Irusta -«los pilares de la producción de la obra», dice-, la música y las letras de Juan Pablo Schapira (Mamá está más chiquita) y la coreografía de Marina Paiz.Ads by

La actriz que va de casting en casting, el músico que busca la oportunidad de largar el trabajo que lo mantiene, la estudiante crónica de formación interminable, el empresario que quiere más, la profesora de yoga que enseña paz interior sin tenerla son algunos de los once personajes que corren sin pausa con el celular en la mano en Lo quiero ya, más el número doce, el psicólogo virtual que, a través de una aplicación, aconseja cómo resolver cada paso, un tutorial existencial las 24 horas para, sin demora, tomar la decisión más certera para alcanzar la próxima «zanahoria», metáfora que atraviesa la obra. Todos pasan de un nivel a otro en el laberinto del Pacman, la escenografía, diseñada por Vanessa Giraldo, donde cada participante acumula puntos y escapa de los fantasmas pero nunca debe detenerse. Los que avanzan son Andrés Passeri, Victoria Cáceres, Sacha Bercovich, Macarena Forrester, Candela García Redín, Lucien Gilabert (nominada Revelación Femenina), Lala Rossi, Julieta Rapetta, Salvador Romano, Victoria Condomi, Juan Pablo Schapira y Nahuel Quimey Villarreal, además de la banda en vivo compuesta por Franco de Paoli (batería), Pablo Barone (bajo) y Gabriel Mathus (guitarra).

«Si bien Rosario es intensa, sentí mucho el cambio cuando me mudé a esta ciudad, donde todo el tiempo estás en la rueda del hámster junto a una multitud de talentos que no paran de surgir y con una enorme conexión con el hacer como, en general, somos los argentinos», dice Caballero, que ha trabajado como asistente de dirección en Aladín, será genialAmerican IdiotEl diario de Anna Frank, y dirigió varios clásicos -«mi gran pasión», reconoce-, como Bodas de sangreLa casa de Bernarda Alba y Saverio, el cruel. «Estamos muy felices con Lo quiero ya, desde el año pasado con tanta repercusión por el boca en boca. La gente nos manda videos a Instagram cantando las canciones», dice sobre el disco que ya está disponible en Spotify y a la venta en el teatro.

Por ahora, además de esperar la fiesta de los Hugo el 11 de septiembre (nominado en rubros Musical Off, Dirección, Libro, Música, Letras de Canciones, Coreografía y Revelación Femenina), comenzó a ensayar un nuevo proyecto, el unipersonal Piano blanco, otra vez con música del talentoso Schapira. «Es sobre los últimos días de Marilyn Monroe, personaje que asumirá una gran actriz y cantante, Jimena González. Tomamos los escritos, los poemas que se encontraron y que hablan de su complejidad y del universo interior que latía detrás de la mujer sexy», cuenta Caballero, que igual que sus criaturas de ficción no puede parar de generar tentadoras «zanahorias».

https://www.lanacion.com.ar/espectaculos/teatro/seres-escapan-fantasmas-ciudad-devora-nid2165750/

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Musicales: «Lo quiero ya»

por Cecilia Della Croce / OCIOPATAS

Lo quiero ya es un genial musical argentino, galardonado con el Premio Hugo al Mejor musical del off en 2018, que vuelve en su tercera temporada a un espacio como el Galpón de Guevara, que por su onda industrial postmoderna es el ámbito propicio para esta fascinante maratón en clave de redes sociales, en la que vamos tras una zanahoria que siempre se va corriendo hacia el horizonte y nos queda cada vez más lejos como el espejismo del charco en la ruta.

Las historias de esta obra coral se entrelazan en una red donde confluyen los conflictos que atraviesa cada personaje: las relaciones de pareja, la competencia en el ámbito laboral, la preocupación por el dinero, los sueños y los deseos versus la realidad, la culpa, los miedos, el destino y la búsqueda de la felicidad. El resultado es un material, tanto el libro como las canciones, que no solo entretiene y divierte, sino que nos enfrenta a un espejo de nuestros propios planteos existenciales y cuestiona lo que tomamos como parte de la definición del mundo que nos toca vivir desde un planteo tan dinámico como inteligente.

La acción arranca con un despertador que nos zambulle en los avatares de un grupo de millenials, atrapados en la carrera cotidiana llena de estrés y adrenalina, en la que parece que siempre estamos volviendo al punto de partida, como un hámster trotando en la ruedita de su jaula. Cada uno tiene su propia rutina y lo que los une es que comparten un sistema, al mejor estilo Siri, un plan digital llamado ‘Estructura’ que es una suerte de voz de la conciencia 2.0 (Luis), pensado como un asistente omnipresente para organizarles la agenda y la vida, tanto laboral como amorosa con solo pagar por el servicio online.

Todo en Lo quiero ya funciona y atrae, de modo que la atención del espectador no decae ni por un minuto: desde el diseño escenográfico y de luces,  la propuesta coreográfica y las canciones con banda en vivo, hasta el muy sólido trabajo actoral de un elenco de jóvenes talentos que puede moverse entre la comedia musical brillante sin perder la empatía a hacer un fragmento de “La casa de Bernarda Alba” sin fisuras. Todos merecen y se ganan una ovación, pero se destacan particularmente Lucien  Gilabert, Karina Barda y Julieta Rapetta, divinas cantantes que tienen a cargo cuadros con muy buenas canciones que interpretan a la perfección.

¡Súper recomendable!

Opinión: Excelente.

https://ociopatas.com/2019/05/05/musicales-lo-quiero-ya-de-marcelo-caballero-y-martin-goldber/

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«Tristán e Isolda»: el drama de los amantes ardientes

por Cristina Aizpeolea / LA VOZ

Pródiga en comedias de enredo que se evaporarán junto con el verano,  shows musicales y clases públicas de humor de todos los colores, la oferta teatral de Carlos Paz reserva esta temporada una propuesta dramática para público adulto para los trasnoches del lunes y martes. Y eso ya es un dato para destacar.

Matías Pisera Fuster y Florencia Prada Duhagon son Tristán e Isolda. Son los amantes prohibidos que sufren porque no pueden dejarse, porque arden cada vez que vuelven a caer en un encuentro maldito.

Un despojado escenario negro, una tarima con dos cubos pequeños y uno grande, también negros. Allí transcurre batalla de estas dos personas enceguecidas. Y en esa puesta minimalista brillará el manejo de luces y de efectos especiales para que los cubos se conviertan en el bar, la cama o el ring donde se arma y se desarma la pareja.

La dirección de Marcelo Caballero exige a los actores una entrega corporal intensa, casi coreográfica, a la que Fuster y Prada responden con soltura y bastante comodidad. Los diálogos son afilados y se mantienen en un registro de crispación casi constante. Quizá una alternancia de matices haría funcionar mejor el estallido.

Tristán e Isolda, la historia de amor de la Irlanda vikinga que siglos después tomó Richard Wagner para crear una de las óperas más conmovedoras, se resignifica ahora en un texto del dramaturgo chileno Marco Antonio de la Parra. Los amantes actuales sufren la paradoja del amor. Luchan cuerpo a cuerpo para poder soltarse.

Tristán e Isolda. Con Matías Pisera Fuster y Florencia Prada Duhagon y dirección de Matías Caballero. Libro de Marco Antonio de la Parra, sobre la leyenda de Tristán e Isolda. Lunes y martes, a las 00.30, en Multiespacio Liv (Sarmiento 699, Villa Carlos Paz).

https://www.lavoz.com.ar/vos/teatro-carlos-paz/nuestro-comentario-de-tristan-e-isolda-el-drama-de-los-amantes-ardientes/

BDSWULLICH

BODAS DE SANGRE, tradición literaria

por Cristian Dominguez / MARTIN WULLICH

Creada en1933, Bodas de Sangre representa una etapa en la cual Federico García Lorca se había alejado de su poesía tradicional y trataba de plasmar la realidad en nuevas obras. Para ello visitó pueblos del sur de España, donde dio vida a un triunvirato que retrataba la vida restringida de las mujeres e incluía, junto a la mencionada, La casa de Bernarda Alba y Yerma.

Basada en un hecho real, en la víspera de una boda la novia escapa con su verdadero amor, rompiendo las reglas tradicionales y familiares de la época. En su narración, no sólo la novia y la madre tienen un lugar preponderante, sino también la luna y la muerte.

El grupo actoral es estupendo. El el acento español de sus integrantes exalta la obra y nos adentra más en la trama. El constante preceptismo, jugada acertada del director Marcelo Caballero, sorprende y fortalece la ambientación rural, aprovechando de manera dinámica el espacio y dejando todo a la vista. La unión de música tradicional española y dramaturgia clásica crece minuto a minuto. Sobresalen Tiki Lovera, en el papel de apasionada y protectora madre, y Jaime Díaz como la Luna, claro exponente de traición en la trama.

Es una excelente oportunidad para disfrutar Bodas de sangre, un clásico de la literatura española, y descubrir las vueltas que tiene la vida. Lorca invita a tomar conciencia de la libertad en el camino a tomar, de manera de tallar su destino y aprovechar las oportunidades. Cristian A. Domínguez

http://martinwullich.com/bodas-de-sangre-tradicion-literaria/

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Hace falta más Lorca en la vida

por Sandra Comisso / Clarín

«¿Por qué me miras así? Tienes una espina en cada ojo».

¿Hay algo que pueda ser más contundente que esa frase? Bodas de sangre es una manifiesto de la pasión más profunda y tremenda. Federico García Lorca no tenía miedo a hundirse en las profundidades más oscuras y dolorosas del sentimiento, cualquiera que fuese. Del amor al odio, de la locura al encierro, del pavor a la poesía, del desenfreno a la muerte, él recorría todo con las palabras como armas certeras.

Esta columna es una reivindicación de esa profundidad, de esa densidad que tienen sus obras, que arrastran al que está del otro lado (sea lector o espectador) como una rama frágil llevada por una ola voraz. No hace falta, para el que lo conoce, para el que lo siente, enumerar las virtudes de Lorca. Pero sentí la necesidad de volver a repasar su maravilloso (y también tremendo) mundo después de asistir a una función de Bodas de sangre, interpretada por un elenco argentino-español, y que dirige Marcelo Caballero (también actúa y no llega a los 30 años. Una prueba de que la edad no es nada más que un número).

Lo que sucede en la oscuridad de la sala, con esas palabras retumbando en las paredes, con la sangre de utilería y las lágrimas verdaderas, con los taconeos y lamentos flamencos a unos pasos de distancia, es como si un tsunami se metiera en el escenario, como si un volcán echara lava sobre los espectadores. ¿Exagerado? ¿Subjetivo? Seguramente. Pero ¿cuándo las cosas son de otra manera frente a un hecho artístico?

Dejando de lado las represiones y mandatos sofocantes que rodearon al propio Lorca y a los cuales defenestró con tanta belleza como ferocidad, el mundo lorquiano es la antítesis de nuestro alcalina y descolorida actualidad (llena de productos para desinfectar). Vivimos rodeados y regodeados de lo frugal, lo light, lo diet, lo careta, lo efímero, lo pasajero, lo virtual.

Son noticia relaciones que terminan antes de empezar, sentimientos agarrados con alfileres, pero alfileres de plástico. Parece que el foco de la vida no puede pasar la barrera de lo superficial; de lo que se ve a simple vista (llámese abdominales, siliconas, tatuajes, cirugías) da terror indagar, decir las cosas desde las entrañas, ahondar en lo más profundo de lo humano. Todo lo que Lorca pone de manifiesto y que llega como una cachetada hasta las butacas. Hay que bancárselo, pero lo recomiendo como un maravilloso ejercicio de catarsis. Si no te conmovés con eso, no te conmovés con nada.

https://www.clarin.com/espectaculos/teatro-federico-garcia-lorca-bodas-sangre-marcelo-caballero-metdodo-kairos-teatro_0_Syv1-Q9w7l.html

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BODAS DE SANGRE

Dramaturgia: Federico Garcia Lorca. Dirección: Marcelo Caballero. Músicos: Pablo Alexander, Hector Romero. Escenografía: Marcelo Caballero. Diseño de maquillaje: Romina Ivanoff. Diseño de vestuario: Estela Abdala Zarzur, Cristina Celentano, Romina Ivanoff. Diseño de luces: Marcelo Caballero. Fotografía: Nacho Lunadei, Vanesa Schappi.  Producción ejecutiva: Sofia Dahlgaard, Juan Gabriel Yacar. Coreografía: Carmen Mesa. Actúan: Christian Alladio, Lucía Andreotta, Chusa Blázquez, Conrado Busquier, Jaime Diaz, Jose Manuel Espeche, Tiki Lovera,Pepa Luna, Mercedes Mastropierro, Carmen Mesa, Lizzy Pane, Gonzalo Ramos. Prensa: Marcelo Boccia, Ariel Zappone.

La sangre que corre más fuerte que el agua.

Hay que volver a la tragedia. Nos obliga a ello la tradición de nuestro teatro dramático.

Tiempo habrá de hacer comedias, farsas. Mientras tanto, yo quiero dar al teatro tragedias”.

Federico García Lorca.

Bodas de Sangre, estrenada por primera vez en teatro en 1933, vuelve en esta versión de Marcelo Caballero para transportarnos a la esencia de la tragedia y a la lucha encarnada entre los ideales de la individualidad y la praxis social.

Dos familias enfrentadas por el honor y un oscuro pasado que los une. Un romance lejano que se hará carne en la vida de los novios para promover el desenlace fatal. La navaja, omnipotente, ciñéndose en el lugar, recordando la deshonra y haciendo helar de miedo las pupilas de la madre del novio, Tiki Lovera. Los personajes de Lorca se mueven por la atmósfera entre la cordura, la locura y la necesidad. Sus sentimientos irán arremetiendo contra las improntas costumbristas de sus familias, y el ceder a ellos, a sus pasiones, representadas en la metáfora lorquiana por el caballo, será el desencadenante de la muerte.

Lo primero que llama la atención al entrar a la sala es la puesta en escena de Marcelo Caballero: el  aroma a establo increíblemente logrado y el vestuario tan puntillosamente creado de época de la mano de  Estela Abdala Zarzur, Cristina Celentano y Romina Ivanoff. Una época donde el paternalismo promueve una imagen de mujer como objeto de intercambio, de mujer reprimida. Donde el hombre representa la lucha unívoca por la supervivencia. Existe, en este texto de Lorca, una necesidad de liberar a la mujer a través de la tragedia, de desnudar los sentimientos más mundanos y frágiles, de exacerbar el componente de la carne.

La atmósfera se desenvuelve entre el surrealismo y el romance típicos de la impronta Lorquiana. Los símbolos Lorquianos son rescatados y utilizados eficientemente como la luna personificada  anunciando la sangre que se derramará en las tierras. Un juego de iluminación y efectos eficiente y un grupo de doce actores realmente  memorables serán los ingredientes para hacer de esta versión de Bodas de Sangre un éxito de las tablas.

La conformación del elenco española-argentina dará a la obra el realismo necesario para que digamos: Sí, efectivamente Lorca ha puesto su acento. Se destaca como proeza coreográfica el golpeteo de Carmen Mesa que nos sumergirá a través del sonido español en este drama donde la sangre puede más que la razón

También se destaca el trabajo de Tiki Lovera. Ella será la encargada de mantener el tempo de la obra. En sus ojos se verán reflejados el porvenir dramático de la pieza y en sus labios de forma violenta y profunda el bellísimo texto de Lorca, una ventaja con la que cuentan todas las versiones de esta obra.

Bodas de Sangre transformará el tiempo y el espacio y convertirá ese escenario de Palermo en un verdadero establo de los años de pre guerra y a nosotros en espectadores de una pieza imperdible.

https://www.asalallena.com.ar/teatro/bodas-de-sangre-2/

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Lorca con su acento justo

por Sandra Comisso / Clarín

En Buenos Aires puede verse una versión de “Bodas de sangre”, con flamenco y siete actores españoles. Lo que la acerca al tono original de la obra clásica.

El agobio que impone el clima andaluz y la asfixia social de la España de preguerra se palpan a metros del escenario de Bodas de

sangre, en la versión que dirige Marcelo Caballero en el teatro El Método Kairós.

Esta puesta de uno de los clásicos del teatro en español hace honor a su origen, con un elenco de doce actores, de los cuales siete son españoles, y con un agregado de flamenco que marca aún más el tono trágico de la obra.

“El proyecto surgió hace un año, y me dio la posibilidad de volver a hacer este texto que, para mí, es fundacional. Ya había dirigido una versión, pero quería volver”, cuenta Caballero, un rosarino de 28 años que también se ocupó de la escenografía y la producción.

Bodas de sangre se estrenó en Madrid en marzo de 1933 por la compañía de Margarita Xirgu. “Y en octubre de ese año, Lola Membrives la estrenó en Buenos Aires y Lorca vino para ese estreno”. Ochenta años después, en el barrio de Palermo, su espíritu está intacto con este drama de amores cruzados, imposibles, impíos que parecen destinados a secarse como los cauces de agua de la ardiente Granada.

“Lorca escribe esta obra luego de leer en las noticias la historia de un crimen ocurrido durante una boda”, cuenta Caballero. “Y por eso, como toda su obra, además de la historia que relata, está haciendo un planteo social del cual fue víctima él también”. El romance truncado por los parámetros sociales es un tema universal, pero García Lorca le puso el color local con su poesía. Y ese cruce es el que le da la vigencia de un clásico.

“El plantea que la historia no la hacen sus protagonistas, sino la sociedad en la que viven”, dice Caballero. “Y mi búsqueda apunta a eso: la disolución de protagonismos”. Así funciona esta puesta, con los actores moviéndose entre luces y humo, con el establo como centro de todo. A eso, se suma la música, a cargo de Héctor Romero en guitarra y Pablo Alexander en percusión, que acompaña exactamente cada situación. Está el taconeo de las bailaoras que repercute como el trote de los caballos, la Luna recitando el drama que se avecina y las nanas cantadas como arrullo y lamento.

“Romero trabajó sobre partituras originales escritas por Lorca y las recreó especialmente para musicalizar las poesías que se intercalan en la obra”, explica el director.

En el elenco están los argentinos Christian Alladio ( Leonardo), Lizzy Pane ( la novia), José Manuel Espeche ( el padre), Tiki Lovera ( la madre) y Mercedes Mastrofierro ( la criada), que se lucen. Lo mismo que los españoles -todos actores que viven aquíGonzalo Ramos ( el novio), Pepa Luna ( la suegra), Carmen Mesa ( la vecina), Chusa Blasquez ( la mujer), Jaime Díaz ( la Luna) Conrado Busquier ( el leñador) y Lucía Andreotta (la mendiga) que le aportan la cuota sonora ( en la dicción de los textos y en las canciones) y visual ( en los taconeos y bailes flamencos) para que esta puesta brille con un texto que no tiene desperdicio. Un Lorca que se siente como en su casa.