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Juegos: Un Musical fuerte y comprometido

por Daniel Falcone / MUSICALES BAIRES

En un año tan particular, el teatro ha sufrido uno de sus peores pruebas. Fue tildado de no esencial o sea imprescindible para el cotidiano humano.
No ha habido actividad presencial en nueve meses. Si nació contundentemente y para quedarse la modalidad “streaming”.
Lo visto hasta el momento son una o dos cámaras con alguna dirección, presentando en formato a la italiana como en el teatro convencional, algunos conciertos y un solo musical.
El estreno de “Juegos, La Obra” con letras y adaptación de Marcelo Caballero, música de Juan Pablo Schapira y la dirección general de Ariel del Mastro dio vuelta y redefinió este formato definitivamente.
Esta trabajo cinematográfico no afecta en nada la esencia teatral, es más, nos va llevando a donde nuestra mirada debe estar en el momento de la acción, para no perder detalle ni de la trama, ni de las actuaciones.
«Juegos, La Obra» esta basada en la obra Juegos a la Hora de la Siesta escrita por Roma Mahieu.
Roma Mahieu (nacida en Polonia en 1937) escribió Juegos a la hora de la siesta en 1976, año en que fue estrenada en Argentina, país al que la dramaturga emigró cuando tenía 10 años de edad.
En 1978 la obra fue prohibida por la dictadura militar argentina, con el argumento de que la pieza promovía prácticas subversivas.
Por este hecho la autora tuvo que exiliarse en España, en donde vive desde entonces.Juegos a la hora de la siesta se ha representado en varios países recibiendo diversos premios y menciones. La obra fue escrita en respuesta a la situación de opresión que vivíamos los argentinos durante la dictadura militar.
La historia escrita por Roma Mahieu narra la historia de unos niños entre 5 y 10 años de edad, quienes se reúnen en un parque de juegos infantiles, sin la vigilancia de sus padres. Todo lo que ahí ocurre oscila entre el juego y la violencia, en un ritmo que va creciendo, generando una tensión dramática importante.A pesar de que los personajes son niños, queda claro que no es de ellos de quienes la autora habla. A través de ellos la escritora genera un reflejo del mundo de los adultos y de lo que ocurría, en particular, en la Argentina oprimida por el poder totalitario. Ella misma ha dicho que recurrió al universo infantil un poco para burlar la censura y poder expresar su oposición a la violencia ejercida contra la sociedad por la dictadura militar en la época en que escribió la obra.Se trata de una obra fuerte, política y, desde luego, con un fuerte matiz ideológico.
La autora busca expresar o, mejor, desnudar a la violencia como parte de la condición humana. Está por otro lado su discurso en contra de los totalitarismos, del fascismo y de cualquier otro sistema de poder que oprima a los pueblos. Su obra habla de la violencia sólo para expresar su oposición a ella.
Llevar adelante este mundo dramático de la violencia y llevarla al formato de musical requiere de mucho trabajo, conocimiento del género y contenido profesional.
Los pilares están en la adaptación de la obra teatral realizado por Marcelo Caballero y la música de Juan Pablo Schapira. Amalgamar este tema trágico, – que es más que un drama -, y encontrar la música que no desdibuje tremendo texto, fue el logro principal. Los temas son potentes, como uno de ellos llamado La Nada.
Otro logro fue la puesta en escena también obra de Marcelo Caballero con la coreografía de Rosario Asencio juntos logran que Juegos sea visualmente tan impactante como el texto lo exige.
Solo un circulo inclinado rodeado de arena fue el diseño escenográfíco ideado por Vanesa Girlado para llevarnos a la plaza donde se desarrolla la historia.Esta producción tiene grandes profesionales en las distintas áreas que merecen ser nombrados como la dirección Vocal de Katie Viqueira y Juan Pablo Schapíra, el vestuario Alejandra Robotti , el impecable diseño de sonido de Eugenio Mellano Lanfranco, diseño asociado de iluminación de Gaspar Potocnik y grabación, mezcla y masterización de música de Martín Rodriguez. Esta enorme obra musical, no podría “ser”, sin el elenco joven y poderoso de Juegos. Ellos son Agustina Cabo, Nicolás Cucaro, Tomás Kirzner, Carolina Kopelioff, Alan Madanes, Maia Reficco y Julia Tozzi. Un director es aquel líder que sabe rodearse de lo mejor, lo sabe conducir y lo lleva a buen destino, Ariel del Mastro hizo todo esto y más.Realizó una transmisión sonora y de imagen impecables, la mejor vista en un “streaming” nacional hasta el momento.Lograr que este texto, uno de lo más destacado de la dramaturgia argentina, pueda ser vivenciado en su total dimensión y en versión musical, nos alienta a pensar que no todo está perdido y que no hay solo mediocridad, también aparecen en el camino directores como Del Mastro.Juegos es un musical fuerte y comprometido. Para los que sobrevivimos a la dictadura del 76 es un tema sentido que no hay que olvidar nunca y es el teatro el que lo recuerda y rememora en toda su crudeza.Es un tema para repensar permanentemente porque la Humanidad no entiende lo suficiente.

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El Lado B de una Diva Eterna

por Leni Gonzalez / LA NACION

La imagen de Marilyn es de una familiaridad casi incomprensible para una actriz muerta hace casi 60 años. El consumo pop, las leyendas rubias y la fascinación de la belleza rota por la tragedia la congelaron en una foto eterna. Desandar ese camino alisado es lo que se propusieron la actriz y cantante Gimena González, el director y autor Marcelo Caballero y el músico Juan Pablo Schapira. Un objetivo desafiante, que debía ser construido en detalles, para equilibrar el peso del ícono faltamente sexy. Gran elección, la obra ancla en un hecho casi desconocido: la internación durante pocos días y por error en un neuropsiquiátrico. Descalza, con un camisón, desde la cama, la actriz lo cuenta con su lenguaje, el del cine, como si fuera un thriller. En la pared, los efectos apoyan el suspenso con sombras. El cuento de cómo llegó a ese lugar conduce a la confusión inicial, la de la mujer que borró el origen y cargó con el abandono.

Al lado de la cama, un piano blanco que Schapira no deja de tocar acompañando en tono jazz melódico a la actriz en varias canciones (unas siete) que ponen luz en los sentimientos más íntimos. Ese piano, además, no es cualquier instrumento ni está ahí por casualidad: es «el» piano blanco que la madre de Norma/Marilyn le había regalado y luego vendido, y que ella, ya famosa, recobró. Es el encuentro con lo perdido y la esperanza de lo recuperable, a pesar de que faltaba tan poco para el final. Sutileza en cada gesto, batallas minúsculas entre la pasión y la inseguridad que la carcomían, verdad en el cuerpo, la performance de Gimena González hace justicia a su talento, dirigido esta vez por un sommelier de musicales como Caballero.

https://www.lanacion.com.ar/espectaculos/piano-blanco-el-lado-b-de-una-diva-eterna-nid2280149/

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Piano Blanco

por Guillermo Barrios / CHAPEAU Argentina

La leyenda, la mítica rubia Hollywoodense, la mujer, la Norma Jean que cambió de piel, la tortura del alma que nunca se fue… Marilyn Monroe estuvo tres días internada en un hospital psiquiátrico- dato histórico real que muy pocos sabían- y es allí donde tuvo que enfrentar a sus fantasmas, a sus dolores, a su pasado y a esa mano querida que tan penosamente la soltó marcándola para siempre. Y un Piano Blanco que suena igual que todos, pero que fue una bisagra en su existencia. Ante semejante hecho verídico, los espectadores de teatro musical tenemos la gracia de sentir y experimentar la visión personal de Marcelo Caballero y su poderío teatral en un momento mágico del género con Gimena González en el protagónico y Juan Pablo Schapira- responsable de la música y sus letras- en piano. Lo volcado en escena por González, actoral y vocalmente, es soberbio. ES Monroe, ES Norma, ES todo lo que quiere ser. Es verdad pura. La música de Schapira establece una nueva vara en el pentagrama vernáculo y la dirección de Caballero es perfecta como así también su guión que es sinónimo de poesía pura. Entre proyecciones que suman y luces que rebasan buen gusto, PIANO BLANCO es, innegablemente, una de las opciones mas interesantes y ricas de la cartelera de teatro musical del circuito alternativo, de visión obligatoria cada viernes a las 23hs en El Método Kairós. Porque vale la pena ver el lado oscuro de la luna, de una estrella. Y si es con absoluta verdad, mucho mejor.

https://www.facebook.com/ChapeauArgentina/photos?tab=album&album_id=2362086533875281

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Lo Quiero Ya

por Jose Marina / LA LETRA TAL VEZ

“No sé lo que quiero, pero lo quiero ya…” gran canción de Luca Podrán, si es grande porque descree el mundo actual. Y hay alguien que recobra esa frase, con la finalidad de realizar una comedia musical, está acorde a los tiempos que convivimos, vos o yo. Porque no agregar a esa vecina que se convierte en tu memoria barrial. ¿‘Quién es ese hombre? Te lo digo sin tapujos, Marcelo Caballero. Un gentilhombre que hace un recorrido de nuestra vida, de vuestra sociedad. La realidad es que es in mundo de los jóvenes pero te atrapa y eso que yo soy un viejo, tuve que recorrer mi propia historia y llevarme a esa etapa que no pintaba canas y deshacer los prejuicios en la puerta del teatro. Y Caballero me sedujo y su obra “No sé lo que quiero”, es un golpe certero al corazón. Me enamore de la ansiedad de esos personajes que luchan por sus sueños. Si el sueño es ansiolítico, estamos en presencia de una obra teatral ansiolítica. A pesar de mis canas rejuvenecí unas cuantas épocas al recordar mi ansiedad, si hay música y canciones mi corazón desolado se enamora.
Entre en el juego de seducción que te propone una obra artística, si hay movimiento y si hay acción, mucho mejor. En la butaca Caballero me acosaba y me llevó a la esa época donde lo sueños no los relegaba, jugué y fui feliz, me olvide de mi propia existencia. Esos personajes que cantaban,  me llevaron a esa época donde mis sueños eran parte de mi vida. Ellos contaban bajo las luces de un escenario desprovisto de escenografía. Al entrar apagué mi celular, para mí no es parte de mi existencia, seguramente te preguntaras el por qué. La obra habla de eso, y este joven director se pregunta en toda la obra porque esa mierda que llamamos celular, nos digitaliza nuestra existencia  Nos lleva a nuestros miedos, a nuestros temores a nuestro sueños. Los prejuicios no están dejados de lado, como también nuestros deseos, nuestras insatisfacciones que compartí con Marcelo Caballero.  Esas sensaciones son las mías. Mirá y veras que son las tuyas. Todos tenemos miedo de quedarnos incomunicados y la obra busca una respuesta filosófica de la vida que es adonde vamos como sociedad  La respuesta es sencilla, estamos cibernetizados.
Hagamos un párate, y hablemos de ese universo que nos propone esta obra “Lo quiero ya”, es ese universo digitalizado por esa cosa que sirve para comunicarnos, y todos la usamos como agenda de nuestra existencia. Esa cosa que nos marca la rutina de cada día. Ese elemento nos hace ansiolíticos por recurrir a la inteligencia artificial Y esa memoria, es ese elemento que llamamos celular. Aquí me quiero parar, al ver la obra pensaba en “2001, odisea del espacio” de Stanley Kubrick, un mundo manejado por esa memoria artificial Si bien esta obra no pretende ese nivel de cuestionamiento social, es una crítica al universo en que nos movemos. Y si en esa película es una pregunta a donde vamos como sociedad, Caballero también nos marca un rumbo que es tan meritorio como aquella película.
Los personajes de esta obra son ansiolíticos, como la canción que hicimos referencia al comienzo, buscando respuestas mundanas mediante ese artefacto que nos comunica.  Las preguntas de los personajes son mundanas  A ellos le suceden cosas como a vos, como a mí.  Problemas cotidianos y sueño de cualquier persona normal. Sueños, fantasías, deseos hasta sus necesidades lo expresan mediante el dialogo y las canciones de la obra. . Para Marcelo Caballero la vida es una pelea por cumplir esos deseos.
La obra habla de un mundo frustrante Hay un mago que no gana un carajo con sus animaciones, la frustración de una actriz que no consigue un papel, como contrapartida esta la actriz que es acosada por un productor para conseguir un papel. Además esta una profesora de yoga frustrada que solo espera el amor. Muestra lo que podemos hacer para sostener una pareja que se ha roto hace tiempo. Y está también ese joven que quiere realizar un hit musical, y se tiene que conformar con ser empleado de un bar. A esta camada de personajes se le suma esa mujer que vende ilusiones que no sirven para un nada.  No podemos olvidar la labor de los médicos que también necesitan dormir, están presentes. Todos ellos buscan ser felices, y está el problema que es la mediatización de nuestras vidas.
En la obra te propone una pregunta, ¿la felicidad es posible? La respuesta es sencilla no lo sos, mientras estés acorralado por esa gran matriz que te indica lo que tienes que hacer. La felicidad es efímera, cuando nos encontramos con nosotros mismos. Y es ahí donde nos olvidamos de nuestra mediatización, dejamos de ser ansiolíticos. Y termina la obra. Salí del teatro y prendí el celular, acordándome que esa mierda era la piedra en mis zapatos. Mientras las canciones de estos actores jóvenes que seguramente  tienen las mismas frustraciones que sus personajes resonaban en mi cabeza, mientras mis pies pisan el asfalto.

http://laletratalvez.blogspot.com/2019/05/critica-la-obra-teatral-lo-quiero-ya.html

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Teatro: Marcelo Caballero presenta “Saverio”. Insulanos y gobernadoresco

por Luis de Luis / PERIODISTAS ESPAÑOLES

Yo señores, porque lo quiso así vuestra grandeza fui a gobernar vuestra Ínsula Barataria. He declarado dudas , sentenciado pleitos y siempre muerto de hambre por haberlo querido así el doctor Pedro Recio de Agüero, natural de Tirteafuera, médico insulano y gobernadoresco.

Miguel de Cervantes

La admirable escenografía sumerge y aturde (intencionadamente) al espectador y le lleva a  un lugar fuera del tiempo y el espacio, ajena a referencias, restricciones o asideros.

Es un espacio cerrado y distante por donde deambulan unos personajes preparando una farsa en la que no dudan en embaucar al público.

Es un espacio extraño, como, para hacernos una idea, una encrucijada entre los mundos de Philip K. Dick y Lewis Carroll, como si los replicantes hubieran invadido «El País de las Maravillas». 

Es el espacio que Marcelo Caballero  ha escogido para ofrecer su versión de “Saverio el Cruel” el único texto teatral de ese secreto a voces que es el deslumbrante escritor argentino Roberto Arlt, (1900 – 1942)  maestro  del arte de narrar y dueño  del sentido de la maravilla y del asombro, además de estar en posesión de una lucidez extrema.

Cualidades todas que Caballero no ha dudado en hacer resplandecer en su brillante puesta en escena (de endiablada dificultad) de “Saverio” en la que recrea el inmortal episodio del Quijote en el que, como se recordará, los duques de Villahermosa, para reírse de Sancho Panza, fingen nombrarle gobernador de la Ínsula Barataria; dispuestos a disfrutar de una sarta de sandeces se llevan una enorme decepción cuando el escudero se revela como hombre juicioso  y cabal. El juego se les ha ido de las manos.

Como se les al grupo de personajes devorados por el tedio que conciben hacer creer a un vendedor de mantequilla, Severio, que contribuir a rescatar a una dama, Susana, presa de una alucinación que la lleva a creerse una princesa perdida en el bosque mediante su participación en una farsa para devolverle la cordura.

Así, la función se mueve en tres planos distintos y simultáneos ( ya se dijo hace unas líneas que era endiablada): la creación de la farsa, la farsa en sí y la realidad de los personajes que se deslizan con precisión cronométrica ante los deslumbrados espectadores , algo a lo que no es ajeno un intenso y engrasado reparto encabezado por un iluminado Matías Marmorato como Saverio, gradualmente ahíto de poder y trascendencia y una encandilada y caprichosa Ángela Chica que no duda en marcar el paso de estos juegos de dominación, de esta danza hacia ninguna parte cuyos bailarines no encuentran un Clavileño para salir volando.

https://periodistas-es.com/teatro-marcelo-caballero-presenta-saverio-insulanos-y-gobernadorescos-119362

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Lo quiero ya: el brillante musical de los millennials argentinos

por Leni Gonzalez / LA NACION

Lo quiero ya / Libro: Marcelo Caballero y Martín Goldber / Música y letras: Juan Pablo Schapira / Elenco: Andrés Passeri, Victoria Cáceres, Sacha Bercovich, Macarena Forrester, Candela Redín, Lucien Gilabert, Lala Rossi, Julieta Rapetta, Salvador Romano, Victoria Condomi, Juan Pablo Schapira y Nahuel Quimey Villarreal / Coreografía y vestuario: Marina Paiz / Dirección musical: Juan Pablo Schapira / Dirección de actores: Martín Goldber / Dirección y luces: Marcelo Caballero / Sala: Galpón de Guevara (Guevara 326) / Funciones: domingo, a las 19 / Duración: 90 minutos / Nuestra opinión: excelente

La potencia de un musical fermenta en su recuerdo. Si somos capaces de reconocer esas canciones días más tarde, fuera del teatro y mientras cocinamos, es que la semilla germinó. Por pegadizas, porque dan ganas de bailar y gritar, porque dicen algo de nuestras vidas, porque nos dejaron felices, un efecto fiesta sin receta transferible hallado por el maestro Juan Pablo Schapira, creador de la música y las letras, y el director Marcelo Caballero, autor del libro junto con Martín Goldber. Los tres escarbaron en la obviedad del agobio diario para dar luz a Lo quiero ya, un mazazo a la generación sub-35, millennials apurados y aterrados por cumplir sus metas, pero también a cualquiera que transite una ciudad en busca de eso que quizá sea el éxito.Ads by

«Te juro que voy, bancame que llego, la calle está imposible pero ya me organicé. Yo puedo con todo, yo me encargo», dice la obertura. «¿Quién dijo que así no se puede vivir?», cantado por doce protagonistas que corren de un lado a otro, con el celular en la mano, por el laberinto Pacman armado como escenografía. Atrás, Franco de Paoli (batería), Pablo Barone (bajo) y Gabriel Mathus (guitarra), dirigidos por Schapira, que también actúa, parodiándose a sí mismo: es Kevin, el que quiere vivir de su música pero vende café detrás de un mostrador.

Igual que él, todos cumplen rutinas que no desean y sueñan lo que aún no consiguieron: Guadalupe es médica pero odia las guardias (Macarena Forrester); Inés es estudiante crónica mientras atiende mesas en un bar (Victoria Cáceres); Iván es mago pero le toca animar fiestas infantiles (Nahuel Quimey Villarreal); Giselle está perdida en la cabina del peaje (muy divertida Lala Rossi); Ana es la profesora de yoga que no consigue pareja (Julieta Rapetta); Mía, la actriz talentosa que recorre castings sin suerte (Lucien Gilabert, nominada a los Hugo como revelación); Sofía, la actriz y modelo elegida que no se siente valorada (Vicky Condomi); Walter, el director de casting que quiere ser influencer (Sacha Bercovich); Malena, una emprendedora insoportable que no consigue convencer a nadie (destacable Candela Redín), en pareja con Alejandro, más interesado en su apariencia que en la convivencia (Salvador Romano), y, por último, Luis (Andrés Passeri), el psicólogo que los coachea por teléfono a través de una aplicación que acompaña a los usuarios durante las 24 horas, tarea que también lo tiene encerrado en el sinsentido.

Cada uno canta su canción y todos son muy buenos intérpretes. Pero Lo quiero ya no es una reunión de individualidades que se lucen un poco más o menos cada una, sino que es en el funcionamiento grupal -coral, coreográfico, actoral, musical- donde se sacan brillo uno al otro, una locura coordinada como un reloj, sin desequilibrios y con una precisa dirección. Pero sobre todo lo que desbordan es entusiasmo y conexión con lo que dicen e interpretan: «resistir porque es temporal», «alcanzar la zanahoria», «estar en foco» y continuar y no parar son los mantras de estos personajes tan identificables en la realidad.

Reciente ganadora de dos premios Hugo a mejor musical del off y mejor director del off para Caballero, Lo quiero ya le canta con humor a la infelicidad histérica de los que creen que otro destino los espera. Porque ninguno está dispuesto a bajarse del formulario de objetivos, a no pagar internet, a sacarse la careta de proactivo y disponible. En ese laberinto, no hay salida ni en las drogas. «Preferiría estar muriendo lentamente atropellada por un tren pero no acá», dice. «No quiero estar acá», la que cantan todos al final, marcha no de la bronca sino de la rabia individual, vacía de culpables, asumida como regla del juego: «Seguro que a vos -repiten juntos- te pasa lo mismo».

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Musicales: «Lo quiero ya»

por Cecilia Della Croce / OCIOPATAS

Lo quiero ya es un genial musical argentino, galardonado con el Premio Hugo al Mejor musical del off en 2018, que vuelve en su tercera temporada a un espacio como el Galpón de Guevara, que por su onda industrial postmoderna es el ámbito propicio para esta fascinante maratón en clave de redes sociales, en la que vamos tras una zanahoria que siempre se va corriendo hacia el horizonte y nos queda cada vez más lejos como el espejismo del charco en la ruta.

Las historias de esta obra coral se entrelazan en una red donde confluyen los conflictos que atraviesa cada personaje: las relaciones de pareja, la competencia en el ámbito laboral, la preocupación por el dinero, los sueños y los deseos versus la realidad, la culpa, los miedos, el destino y la búsqueda de la felicidad. El resultado es un material, tanto el libro como las canciones, que no solo entretiene y divierte, sino que nos enfrenta a un espejo de nuestros propios planteos existenciales y cuestiona lo que tomamos como parte de la definición del mundo que nos toca vivir desde un planteo tan dinámico como inteligente.

La acción arranca con un despertador que nos zambulle en los avatares de un grupo de millenials, atrapados en la carrera cotidiana llena de estrés y adrenalina, en la que parece que siempre estamos volviendo al punto de partida, como un hámster trotando en la ruedita de su jaula. Cada uno tiene su propia rutina y lo que los une es que comparten un sistema, al mejor estilo Siri, un plan digital llamado ‘Estructura’ que es una suerte de voz de la conciencia 2.0 (Luis), pensado como un asistente omnipresente para organizarles la agenda y la vida, tanto laboral como amorosa con solo pagar por el servicio online.

Todo en Lo quiero ya funciona y atrae, de modo que la atención del espectador no decae ni por un minuto: desde el diseño escenográfico y de luces,  la propuesta coreográfica y las canciones con banda en vivo, hasta el muy sólido trabajo actoral de un elenco de jóvenes talentos que puede moverse entre la comedia musical brillante sin perder la empatía a hacer un fragmento de “La casa de Bernarda Alba” sin fisuras. Todos merecen y se ganan una ovación, pero se destacan particularmente Lucien  Gilabert, Karina Barda y Julieta Rapetta, divinas cantantes que tienen a cargo cuadros con muy buenas canciones que interpretan a la perfección.

¡Súper recomendable!

Opinión: Excelente.

https://ociopatas.com/2019/05/05/musicales-lo-quiero-ya-de-marcelo-caballero-y-martin-goldber/

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«Tristán e Isolda»: el drama de los amantes ardientes

por Cristina Aizpeolea / LA VOZ

Pródiga en comedias de enredo que se evaporarán junto con el verano,  shows musicales y clases públicas de humor de todos los colores, la oferta teatral de Carlos Paz reserva esta temporada una propuesta dramática para público adulto para los trasnoches del lunes y martes. Y eso ya es un dato para destacar.

Matías Pisera Fuster y Florencia Prada Duhagon son Tristán e Isolda. Son los amantes prohibidos que sufren porque no pueden dejarse, porque arden cada vez que vuelven a caer en un encuentro maldito.

Un despojado escenario negro, una tarima con dos cubos pequeños y uno grande, también negros. Allí transcurre batalla de estas dos personas enceguecidas. Y en esa puesta minimalista brillará el manejo de luces y de efectos especiales para que los cubos se conviertan en el bar, la cama o el ring donde se arma y se desarma la pareja.

La dirección de Marcelo Caballero exige a los actores una entrega corporal intensa, casi coreográfica, a la que Fuster y Prada responden con soltura y bastante comodidad. Los diálogos son afilados y se mantienen en un registro de crispación casi constante. Quizá una alternancia de matices haría funcionar mejor el estallido.

Tristán e Isolda, la historia de amor de la Irlanda vikinga que siglos después tomó Richard Wagner para crear una de las óperas más conmovedoras, se resignifica ahora en un texto del dramaturgo chileno Marco Antonio de la Parra. Los amantes actuales sufren la paradoja del amor. Luchan cuerpo a cuerpo para poder soltarse.

Tristán e Isolda. Con Matías Pisera Fuster y Florencia Prada Duhagon y dirección de Matías Caballero. Libro de Marco Antonio de la Parra, sobre la leyenda de Tristán e Isolda. Lunes y martes, a las 00.30, en Multiespacio Liv (Sarmiento 699, Villa Carlos Paz).

https://www.lavoz.com.ar/vos/teatro-carlos-paz/nuestro-comentario-de-tristan-e-isolda-el-drama-de-los-amantes-ardientes/

BDSWULLICH

BODAS DE SANGRE, tradición literaria

por Cristian Dominguez / MARTIN WULLICH

Creada en1933, Bodas de Sangre representa una etapa en la cual Federico García Lorca se había alejado de su poesía tradicional y trataba de plasmar la realidad en nuevas obras. Para ello visitó pueblos del sur de España, donde dio vida a un triunvirato que retrataba la vida restringida de las mujeres e incluía, junto a la mencionada, La casa de Bernarda Alba y Yerma.

Basada en un hecho real, en la víspera de una boda la novia escapa con su verdadero amor, rompiendo las reglas tradicionales y familiares de la época. En su narración, no sólo la novia y la madre tienen un lugar preponderante, sino también la luna y la muerte.

El grupo actoral es estupendo. El el acento español de sus integrantes exalta la obra y nos adentra más en la trama. El constante preceptismo, jugada acertada del director Marcelo Caballero, sorprende y fortalece la ambientación rural, aprovechando de manera dinámica el espacio y dejando todo a la vista. La unión de música tradicional española y dramaturgia clásica crece minuto a minuto. Sobresalen Tiki Lovera, en el papel de apasionada y protectora madre, y Jaime Díaz como la Luna, claro exponente de traición en la trama.

Es una excelente oportunidad para disfrutar Bodas de sangre, un clásico de la literatura española, y descubrir las vueltas que tiene la vida. Lorca invita a tomar conciencia de la libertad en el camino a tomar, de manera de tallar su destino y aprovechar las oportunidades. Cristian A. Domínguez

http://martinwullich.com/bodas-de-sangre-tradicion-literaria/

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Lorca con su acento justo

por Sandra Comisso / Clarín

En Buenos Aires puede verse una versión de “Bodas de sangre”, con flamenco y siete actores españoles. Lo que la acerca al tono original de la obra clásica.

El agobio que impone el clima andaluz y la asfixia social de la España de preguerra se palpan a metros del escenario de Bodas de

sangre, en la versión que dirige Marcelo Caballero en el teatro El Método Kairós.

Esta puesta de uno de los clásicos del teatro en español hace honor a su origen, con un elenco de doce actores, de los cuales siete son españoles, y con un agregado de flamenco que marca aún más el tono trágico de la obra.

“El proyecto surgió hace un año, y me dio la posibilidad de volver a hacer este texto que, para mí, es fundacional. Ya había dirigido una versión, pero quería volver”, cuenta Caballero, un rosarino de 28 años que también se ocupó de la escenografía y la producción.

Bodas de sangre se estrenó en Madrid en marzo de 1933 por la compañía de Margarita Xirgu. “Y en octubre de ese año, Lola Membrives la estrenó en Buenos Aires y Lorca vino para ese estreno”. Ochenta años después, en el barrio de Palermo, su espíritu está intacto con este drama de amores cruzados, imposibles, impíos que parecen destinados a secarse como los cauces de agua de la ardiente Granada.

“Lorca escribe esta obra luego de leer en las noticias la historia de un crimen ocurrido durante una boda”, cuenta Caballero. “Y por eso, como toda su obra, además de la historia que relata, está haciendo un planteo social del cual fue víctima él también”. El romance truncado por los parámetros sociales es un tema universal, pero García Lorca le puso el color local con su poesía. Y ese cruce es el que le da la vigencia de un clásico.

“El plantea que la historia no la hacen sus protagonistas, sino la sociedad en la que viven”, dice Caballero. “Y mi búsqueda apunta a eso: la disolución de protagonismos”. Así funciona esta puesta, con los actores moviéndose entre luces y humo, con el establo como centro de todo. A eso, se suma la música, a cargo de Héctor Romero en guitarra y Pablo Alexander en percusión, que acompaña exactamente cada situación. Está el taconeo de las bailaoras que repercute como el trote de los caballos, la Luna recitando el drama que se avecina y las nanas cantadas como arrullo y lamento.

“Romero trabajó sobre partituras originales escritas por Lorca y las recreó especialmente para musicalizar las poesías que se intercalan en la obra”, explica el director.

En el elenco están los argentinos Christian Alladio ( Leonardo), Lizzy Pane ( la novia), José Manuel Espeche ( el padre), Tiki Lovera ( la madre) y Mercedes Mastrofierro ( la criada), que se lucen. Lo mismo que los españoles -todos actores que viven aquíGonzalo Ramos ( el novio), Pepa Luna ( la suegra), Carmen Mesa ( la vecina), Chusa Blasquez ( la mujer), Jaime Díaz ( la Luna) Conrado Busquier ( el leñador) y Lucía Andreotta (la mendiga) que le aportan la cuota sonora ( en la dicción de los textos y en las canciones) y visual ( en los taconeos y bailes flamencos) para que esta puesta brille con un texto que no tiene desperdicio. Un Lorca que se siente como en su casa.